jueves, 27 de octubre de 2011

I BEG YOUR PARDON

Hace muchos años ya que las reuniones de trabajo donde se realizan presentaciones de cualquier tipo me provocan mucho fastidio.
He llegado al punto de no tolerar siquiera la imagen de las jarras de café y las dulcemente esponjosas medias lunas, que con su almibarado brillo engalanan las amplias mesas de las salas de reuniones.
Con el tiempo he desarrollado una fobia hacia ellas y actualmente rechazo sistemáticamente cualquier convocatoria. Solo concurro a aquellas por las que mi jefe me putea en cinco idiomas cuando le llegan a reclamar ante mi negativa a asistir. Puesto en números solo voy a 1 de cada 20 en promedio, que a mi básico y elemental criterio, redunda en una relación costo beneficio excelente. Tal es así que hasta disfruto cuando el jefe se esmera en la cagada a pedos y recurre a expresiones novedosas.
Pero no siempre fue así. Hubo una época de oro, a comienzos de la primera década de éste siglo, en la que trataba de no perderme ninguna. Fueron tiempos donde abundaban profetas yuppies del management y el uso indiscriminado del spanglish técnico estaba en su apogeo. O, utilizando apropiadamente el lenguaje de ese momento, expresarse parcialmente en inglés era tremendamente cool.
Tanto me divertían que he llegado a llorar de la risa por los comentarios capciosos y premeditados de la concurrencia, tocándome ser testigo un par de veces, del descalabro total de un auditorio completo por ataques devastadores de risa extremadamente contagiosa.
En una de esas oportunidades el director de marketing de la compañía comandaba una presentación, donde tres de sus pollos exponían temas de rutilantes títulos e intrincado contenido, tocándome en suerte estar flanqueado por un colega cordobés macanudísimo que derrochaba alegría a mi derecha, y otro correntino igual de macanudo a mi izquierda, pero de personalidad más reservada.
Iniciada la exposición y luego de la introducción de rigor, el primer orador ya en su segunda frase se despacha con la primera palabrilla de moda: “bullets”.
Inmediatamente al cordobés se le borró la sonrisa y el correntino resopló. Un artículo y dos preposiciones después fuerza varios “Higlights” con sobreactuado acento de residente de Boston. Tres o cuatro veces en menos de un minuto. El correntino cambió el soplo de molestia por un “bueh..” y el cordobés recuperó su amplia sonrisa mientras decía:- “¿Qué cu-uliao el va-aguito éste, no?”
Sin que pudiéramos recomponernos del efecto de las dos primeras palabras, soltó la expresión más aclamada por las audiencias comebosta del planeta en esa época: “Brainstorming”.
-Ta-apate que vai a empe-ezar a llové mierda em cua-alquier mo-omento- Me dice el mediterráneo, al mismo tiempo que el mesopotámico exclama:
-Estaba que se salía de la vaina por decirlo.
-Esa Coca-a Light que-e dice que-e toma, le pi-icó el mate- dice el cordobés inclinándose hacia delante para hacer extensivo el comentario también al correntino.
Yo ya estaba tentado y haciendo un esfuerzo sobrehumano para disimularlo.
El orador ahora desenfunda con ensayado ademán un puntero láser desde el bolsillo interno de su saco para señalar innecesariamente una de las consignas, a la que llamó target, sobre la pantalla de importante tamaño en la que se proyectaban las diapositivas del Powerpoint que guiaban la exposición.
- Como se nota que el rubio narcisista practicó frente al espejo…- comenta el correntino.
-¡Que-e grande! Con ra-azón me re-esu-ultaba cono-ocido el rubio… ¿No es Luke Sky-ywalker con la espada laser? ¿Le ente-endei algo vó al cu-uliao éste?-
Tuve un ataque de apnea y llanto provocado por la risa reprimida.
Para colmo Luke Skywalker ya estaba desatado y en una sola oración mete: kick off, on going, knowledge management, punch, y quick fixes.
No pude contener la carcajada.
-Se ve que le causan gracia los chistes en inglés que cuenta el rubio- le comenta serio el correntino a mi vecino.
- ¿Kno-owledge-e ma-anageme-ent mandó el vago? Esto es la-a guerra de la-as gala-axias y Hamlet to-odo junto. En cua-alquier mo-omento entra el de-el casco-o negro y vai’mpe-ezá a pe-eliá a lo pavo. ¡Que-e acto-orazo el bayo éste!
No soy el único tentado. En un radio de diez asientos estaban todos doblados de la risa por la seguidilla de ocurrencias del cordobés
¿Sorry?- Intima el expositor visiblemente molesto, mirando desafiante hacia el centro del risueño grupo que cada vez cuenta con más adeptos.
- Please, could you repeat and explain the last concept set out on knowldege management? It is very difficult to me follow your explanation in the middle of this noise and also understand your language- Responde rápido y muy serio el correntino con acento londinense.
- Discúlpeme – pide sonrojado el ofendido orador- ¿Podría repetir?
Durante un par de segundos un pesado silencio invadió al auditorio, hasta que el cordobés dijo:
- ¿Cómo? ¿Ha-ablás tanto en i-inglés y no ente-endiste al co-olega? Te pre-eguntó si va a-aver Nesquick en el co-offe-e break, o va-a tenei que lla-amár al de-elivery.
El auditorio se vino abajo. Todos los presentes, incluido el resto de los panelistas, se retorcían de la risa en sus asientos. Las únicas personas que se mantuvieron serias fueron Luke, mi flemático colega correntino y con muchísimo esfuerzo el propio director.
-¡No te cale-entei Rubio!– Exclamo sonriente. Y agregó en tono conciliador: - Fue un ice-breaker joke, nada-a más.
No volvió a repetirse una reunión que haya sido tan divertida cómo esa.
A partir de ahí es que comenzó mi abnegada antipatía por las reuniones de trabajo. Con el correr del tiempo creo que la gente empezó a tomarse las presentaciones demasiado en serio. Y justamente es eso lo que más me fastidia.

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